5 de noviembre de 2012

El secreto de los Ferragamo

En 1914, un joven de Campania, en el sur de Italia, llegaba como emigrante al puerto de Boston. Se llamaba Salvatore Ferragamo y no tardaría ni una década en convertirse en el zapatero de las estrellas de Hollywood. A pesar de haber cumplido como pocos el sueño americano, por la cabeza del artesano no pasaba el quedarse en Estados Unidos. Cargado de éxito, y sin renunciar a sus negocios en California, vuelve a Italia en 1927. Se instala en Florencia y comienza una aventura profesional intercontinental, germen del actual Grupo Ferragamo, que desde entonces ha vivido una bancarrota (1933), una recuperación milagrosa (en 1950 producía 350 pares de zapatos hechos a mano al día, gracias a 700 empleados) y una diversificación muy amplia mediante licencias (óptica, perfumería...). Hoy, con ventas de 986 millones de euros (2011) y casi 3.000 empleados, la firma familiar (la preside Ferruccio, hijo del fundador) sigue abanderando la industria del calzado de calidad.

Pero los Ferragamo no sólo se dedican al mundo de la moda. De hecho, cuentan una segunda empresa familiar, independiente de la primera. En Il Borro, una hacienda en el corazón de Toscana, han creado una diversificada industria de agroturismo donde, además de hospedar a selectos visitantes y turistas, elaboran uno de los vinos más apreciados de la región. Al frente se encuentra Salvatore (7 de noviembre de 1971), primogénito de Ferruccio junto a su hermano gemelo James y a quien su padre define como "una persona muy inteligente y, como yo, muy cabezota. Gracias a él ha valido la pena todo el esfuerzo que invertí en Il Borro".

El empresario se refiere al ingente trabajo que ha realizado la familia desde que comprara la hacienda a los duques de Aosta en 1993. Conocían la finca desde mediados de los 80 (era su lugar preferido para sus jornadas de relax y caza de faisanes y jabalíes) y en dos décadas la han convertido en un referente. Por un lado, restauraron los palacios y pabellones existentes, transformándolos en casas para huéspedes y con varias dependencias privadas. Por otro, la pequeña aldea medieval adyacente también fue adquirida y rehabilitaron casa por casa para crear un gran complejo de agroturismo de lujo capaz de albergar a más de 400 huéspedes.

Y todo ello sin renunciar a un perfil agrícola en el que destacó la puesta en marcha de un negocio bodeguero de gran calidad. "El objetivo es elaborar un vino de terroir en esta parte de Toscana, fresco en el paladar, con acidez pero afrutado", explica Salvatore Ferragamo. La producción se ciñe actualmente a tres tintos y un blanco, aunque también cuentan con vino dulce, espumoso y grappa. Se obtienen de 45 hectáreas de viñedo, cultivadas a una altura entre 300 y 500 m sobre el nivel del mar y que generan alrededor de 240.000 botellas al año. La estrella de la casa es el tinto Il Borro, mezcla de Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah y Petit Verdot y que se revela al paladar "asombrosamente ligero. Posee una pizca de madera especiada y elegante que, junto a su riqueza en aromas como la vainilla, el incienso o el cuero, consigue un resultado rotundo".

Excepcional. La idea no es crear un vino típico de Toscana. "Queremos producir un tinto único y diferente, a través de un estudio minucioso del terruño. Burdeos es uno de los espejos en los que nos gusta reflejarnos", explica Salvatore. Para ello es fundamental su estrecha relación con el enólogo de la bodega, Stefano Chioccioli, uno de los consultores vinícolas más importantes de Italia (suyo es, por ejemplo, el Redigaffi 2000, que recibió los deseados 100 puntos del crítico Robert Parker en la mítica revista Wine Advocate).

A Ferragamo le llama la atención que, a diferencia de otros sectores y productos italianos, en el caso del vino, uno de los más famosos en el extranjero sea el Lambrusco, con una calidad muy inferior a la de las grandes referencias del país (Piamonte, Toscana, Véneto...). El problema lo achaca a una falta de márketing. "Muchos opinan que los que mejor saben vender sus productos somos los italianos, pero yo discrepo. En mi opinión, son los franceses, y en ellos debemos fijarnos. Italia es una nación joven y seguimos pecando de individualistas cuando se trata de vender algo que se realiza en diferentes regiones, incluso dentro de la misma provincia. Generar interés internacional cuando cada zona va por libre es complicado y el vino es un producto muy particular y diverso que facilita como ninguno ese carácter", prosigue.

Buena parte del proceso de elaboración en Il Borro se realiza artesanalmente. "En este sentido, trabajamos igual que el resto de mi familia en la moda, con un particular cuidado y mimo en cada parte del proceso de creación de los vinos: la vendimia, la vinificación...", explica. Y todo ello en una pequeña bodega con tres decenas de grandes depósitos de aluminio. Es el paso previo al envejecimiento en barricas de roble americano. Éstas reposan en un alargado pasillo semisubterráneo que finaliza en la antigua bodega de la hacienda, conservada tal cual era hace más de un siglo a una temperatura constante.

Este año, la vendimia se llevó a cabo durante la primera quincena de octubre. El resultado se espera que sea excepcional y ayude a consolidar a la firma en mercados como el japonés o el estadounidense, donde ya cuentan con una amplia distribución, así como en nuevos como el español, donde se estrenan este noviembre de la mano de Vente-Privee.

Mundos separados. Al visitante de Il Borro le llama la atención la ausencia de referencias familiares en todas las dependencias. Salvo las amenities de los baños, nada allí da a entender que se está en una propiedad de los Ferragamo. "Estoy orgulloso de mi familia, pero la idea es crear una nueva firma, 100% independiente. Si usara mi apellido, estaría llevando a cabo una acción de márketing cruzado que considero falta de ética. Yo aspiro a que los que vengan al hotel o beban los vinos lo aprecien por ellos mismos. Además, deseo que el nombre de Ferragamo se asocie exclusivamente al mundo de la moda. De otro modo, la marca se debilitaría", prosigue Salvatore.

La familia aún considera este lugar su paraíso particular, donde llevan a cabo buena parte de sus aficiones. "El mundo del vino es muy competitivo, te obliga a viajar mucho para establecer relaciones comerciales, por lo que no he llegado a ver la propiedad como un lugar sólo de trabajo. Además, ofrecemos a nuestros huéspedes muchas actividades que nosotros mismos hemos realizado durante años, como la caza, la pesca, diferentes deportes, senderismo...", explica el responsable de Il Borro.

Hospedarse en sus villas o casas medievales es posible a partir de 120 € por persona y noche (el precio varía bastante según la elección). El próximo objetivo es crear un campo de golf de nueve hoyos completamente sostenible. Será la guinda a un paraíso del descanso único en el mundo.

Publicar un comentario en la entrada